jueves, 22 de diciembre de 2016

Ideología (palabras, palabras, palabras...)


En un vídeo de un libro de texto de Lengua Castellana y Literatura, supuestamente aséptico,  de la editorial Casals se dice (sin venir a cuento) que el cine español rara vez ha cultivado el género histórico y que, cuando lo ha hecho, se ha dejado guiar por "revanchismos ideológicos" (léase: vamos a sepultar en el olvido la Guerra Civil y, sobre todo, a un tal Francisco Franco... nada de desenterrar muertos, literales o simbólicos). En la misma grabación se elogia una película reciente por su falta de "complejos ideológicos" (léase: en esta película, sin confusión posible, los españoles somos los mejores, los más guapos, los más valientes, y el ṕerfido invasor francés, un malvado sin escrúpulos). 
Cierto partido político tacha de "ideológica" cualquier política que no cuadra con su credo, desde la peatonalización de zonas urbanas a las medidas contra la contaminación, pasando, claro está, por cualquier duda sobre sus actuaciones presentes o pasadas. En el vocabulario de este partido (como se aprecia en las parcas declaraciones de uno de sus más eximios representantes, presidente de cierto país) "ideología" se opone a "sensatez" y "sentido común", como un eco paródico -e involuntario- de aquella vieja contraposición entre ideología y ciencia marxista (ya decía Marx que la historia solo se repite como farsa).
Ambos ejemplos nos muestran que lo ideológico es siempre lo del otro. Son los otros los que tienen prejuicios, los que no ven la realidad, los que se dejan arrastrar por ideas absurdas. Nosotros, en cambio, somos sensatos. Nosotros sabemos la Verdad. Nosotros no nos dejamos engañar por espejismos.
No sé si aquí (en cualquier país) escribir es llorar (Larra dixit), pero sí empeñarse en abrir una grieta contra un muro de palabras petrificadas, de oraciones muertas.